Todo empezó como empiezan casi todas las cosas de verdad: sin plan.
Una tarde cualquiera, en un spot de siempre. El suelo rugoso, una tabla reventada, y ese truco que llevabas días intentando sin terminar de caer. Fallo. Otra vez. Y otra. Hasta que sale.
Ese momento.
No por el truco en sí, sino por todo lo que hay detrás. El tiempo, la paciencia, las ganas de seguir aunque podrías haberte ido hace rato.
Ahí es donde nace todo esto.
Entre mochilas tiradas en el suelo, zapatillas rotas y conversaciones que se alargan más que la sesión. Entre quienes apoyaron esto desde el principio y toda la gente que ha ido apareciendo por el camino, sumando sin pedir nada a cambio, que ya es mucha.
Gracias de corazón cada persona que creyó antes de que existiera algo tangible. A cada consejo, a cada mensaje y a los momentos compartidos.
Con el tiempo te das cuenta de que no es solo patinar. Es cómo te mueves, con quién te juntas y cómo decides afrontar los obstáculos.
Ropa hecha para usarse de verdad. Para caerse, levantarse y seguir.
Porque al final, de eso va todo.
De volver a intentarlo.
Este post va dedicado a Francis, que confió en este proyecto desde sus comienzos más humildes, y que hoy ya no está pero sigue formando parte de todo esto.
